Con el ánimo de ofrecer ideas para nutrir nuestra relación, he preparado este decálogo que no conlleva grandes esfuerzos, ni gastos, ni cambios: únicamente requiere que estés dispuesta/o a darle un repaso a tu actitud ante tu pareja. No des por hecho que tu pareja estará ahí siempre. ¿Cómo qué no? No. ¿Y a donde se va a ir? A ningún lado. Créeme que no es necesario que una relación se rompa, para que cada integrante esté haciendo su vida totalmente independiente del otro. Dar por sentada la existencia de la relación es uno de los primeros peldaños que se suben en la escalera hacia la ruptura. Tomar consciencia de que la presencia de alguien en nuestra vida no está asegurada, nos ayuda a ver la relación con otros ojos y a entender que nosotros también tenemos que cuidar de ella.
No conoces a la persona que tienes al lado, así que no pierdas el interés por conocerla. ¿Has notado cómo has perdido el interés de conocer a la persona que tienes al lado porque crees que ya la conoces? Déjame decirte algo, las personas cambiamos cada día, evolucionamos, modificamos nuestra forma de pensar, cambian nuestros objetivos y aspiraciones, etcétera. ¡Tú no eres la misma persona de hace 5 años y tu pareja tampoco! No pierdas el interés por conocerlo, por saber su filosofía de vida y sus deseos, porque seguramente no son los mismos que tenían en la primera cita.
Trata de abstraerte por un momento de la realidad de todo lo que sabes acerca de tu pareja, mírala de forma objetiva, como si no la conocieras. Seguramente llevas algún tiempo con tu pareja y has perdido la habilidad de ver a esa persona con la sensación de que te queda mucho por vivir con ella. Trata de encontrar esa habilidad y ponla en práctica. Mirar a tu marido o a tu mujer, como si fuera una persona totalmente desconocida, te recordará sensaciones de la primera etapa de la relación y, si coges el truco y logras hacerlo a menudo, será una forma genial de recordar los dos primeros puntos de este decálogo.
Comparte tus pensamientos y preocupaciones, y permite a la otra persona las comparta contigo. Practica la escucha activa cuando te encuentres en pareja, haz preguntas, muestra interés por sus opiniones o anécdotas diarias. Pregunta cómo puedes ayudar a mejorar su situación y escucha. A veces no somos conscientes de lo poco que escuchamos a la otra persona, hasta que se nos va de las manos y no nos enteramos de absolutamente nada de lo que nos ha contado. Sin embargo, no hace falta llegar a esos extremos, de interrumpir constantemente o tratar de imponer una opinión, también son formas de no escuchar.
Dedícate tiempo, piensa en ti, invierte en ti y busca sentirte bien contigo mismo. No te haces una idea de los beneficios que tiene para tu relación de pareja que cultives tú una autoestima sana y estable. Hacer crecer tu seguridad en ti misma e invertir en tu propio bienestar te ayudará también a alejarte del estrés, siendo este uno de los peores enemigos de la salud de las personas y de sus relaciones. Cuanto mejor te sientas, más simplifiques tu vida y con más calma logres tomarte la rutina, más energía tendrás, para trabajar tu comunicación o pasar tiempo.
Procura tener detalles con tu pareja y valora los detalles que esta tenga contigo. ¡Y no me digas eso de «es que yo no soy detallista»! Claro, decir que no eres detallista es una razón más que suficiente para no preocuparte de tener detalles, pero a estas alturas de la vida y con el mercado de la auto-ayuda como está, ¡no me sirve! Ya sabes que la creencia sirve para limitar tu evolución, así que no te ancles en ello. Los detalles llegan como soplos de aire fresco, son como un vaso de agua fría cuando hace mucho calor, ¡nutre y refresca! Una nota en el maletín, un “post it” en el espejo del baño, una foto antigua en la nevera, una caja de bombones, ¡lo que sea!.
por: Maraliz Cedeno
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